Justo a tiempo para la tradicional fiesta de otoño de Steinmühle, ya no se veía el andamio en el edificio principal y el histórico edificio de entramado de madera lucía un nuevo esplendor: ¡renovado por dentro y por fuera! El evento que se celebra a finales de septiembre no solo es un gran atractivo para el público del internado Steinmühle, sino que siempre supone un día lleno de retos, tanto para las alumnas como para los profesores.
El recinto del colegio se fue llenando a ojos vista el sábado por la tarde, incluso antes de que se diera el pistoletazo de salida oficial a las 15:00. En el patio, en los edificios y en las instalaciones deportivas del internado se reunieron padres, familiares y amigos de Steinmühle para informarse y admirar las actividades que los alumnos habían organizado esta vez.
Los alumnos del internado hicieron 55 pasteles
Por supuesto, la comida juega un papel especial en una fiesta como la del otoño. Desde siempre, son los alumnos y alumnas del internado quienes llevan las riendas: los preparativos empiezan ya el viernes anterior. Hay un gran ajetreo en las cocinas de las residencias, y el aroma de los pasteles recién hechos inunda los dormitorios. Un total de 55 pasteles, horneados por los alumnos y alumnas del internado, llegan al puesto de venta, que se monta entre el edificio principal y el de administración.
En un santiamén se agotaron todas las delicias el sábado, y los más de 2 500 visitantes se dirigieron al puesto de barbacoa, a la carpa de la cerveza y a la carpa del vino. En estos puestos también trabajaron y atendieron los alumnos del internado, con la ayuda puntual de algunos voluntarios. Todo estaba buenísimo, lo que explicaba la gran afluencia de gente, que no se dejó disuadir ni por el tiempo nublado ni por la lluvia que cayó más tarde.
Una fiesta también para los antiguos alumnos
La fiesta de otoño de Steinmühle suele ser también una celebración para los antiguos alumnos. Algunos vienen desde muy lejos para pasar un rato agradable en el lugar donde estudiaron y rememorar viejos tiempos. En la tetería se celebró una reunión para conmemorar los «10 años del bachillerato». Pero también hubo visitantes que habían obtenido su título de bachillerato en la «Mühle» mucho, mucho antes.
Una fiesta muy animada con copas al atardecer hasta la 1 de la madrugada dejó a la mañana siguiente las huellas habituales. Aquí también, los alumnos y alumnas del internado se ponen manos a la obra el domingo puntualmente a las 10 de la mañana para recoger, asegurarse de que se devuelva la vajilla y desmontar todo. Con la ayuda del equipo docente, el recinto queda perfectamente ordenado, como si nada hubiera pasado. Al fin y al cabo, al día siguiente, a las ocho y diez, empiezan puntualmente las clases para todos.

























































