Hay que haberse sentido muy a gusto en tu entorno escolar para decidir que más adelante quieres trabajar precisamente allí. A Michel Hermens le pasó eso. De 2004 a 2008, este holandés de nacimiento vivió en la residencia «Stamm- und Westfalenhaus» del internado Steinmühle. Y precisamente allí volvió, y ahora es el director de la residencia «Mühle».
A los tres años, este chico de Eindhoven, nacido en 1987, se mudó a Alemania y «no entendía ni una palabra». La fábrica de Philips en Wetzlar fue el motivo por el que sus padres se mudaron a Mittelhessen. Se habían imaginado que la etapa escolar de su hijo iba a ser más fácil. Según Michel, el estrés escolar y, por tanto, familiar, les llevó en aquel entonces a matricularlo en el internado Steinmühle.
Después de 12 años de colegio, quería salir de la rutina escolar y tener una vida más activa. Con el título de bachillerato profesional en el bolsillo, pensó en formarse en hostelería. Pero las ideas que tenía el joven sobre este sector no se cumplieron. A continuación, hizo un año de voluntariado social en una escuela primaria, trabajando en el servicio de guardería por las mañanas y por las tardes, y se encargó de tareas administrativas. Esta experiencia tan positiva le animó después a estudiar Magisterio de Primaria en su país natal, los Países Bajos.
Pero eso no fue el final. Michel Hermens volvió a Marburgo. De vuelta a los orígenes. En 2012 se pagó unas prácticas en el internado Steinmühle trabajando en una gasolinera. «Fue como volver a casa, volver a recorrer el Steinmühlenweg».
«Me veo reflejado en los alumnos»
Aunque no se dijera, estaba claro: aquí me quedo. Sin embargo, Michel Hermens tuvo que admitir que algunas cosas habían cambiado. Aunque en la época en que él iba al colegio, el internado ya alojaba juntos a chicos y chicas en las residencias Westfalenhaus y Hessenhaus, las reuniones de la casa todavía se hacían por separado. El tutor de los chicos en la residencia era un chico, y el de las chicas, una chica.
También hubo cambios en el personal, debido a los tiempos que corrían. El profesor de remo Martin «Stromi» Strohmenger era por entonces asistente en el Westfalenhaus. Michel Hermens conocía al director del internado de antes, cuando era educador. Del resto del equipo de profesores, solo quedaban dos.
Con los alumnos se llevó bien desde el principio. «Enseguida me di cuenta de que teníamos buena química», dice Michel Hermens al recordar los primeros tiempos de su vuelta a casa. «Para muchos alumnos, me convertí enseguida en una persona de confianza». Este hombre, que al principio trabajó como asistente en Mühle y Hessenhaus, reflexiona hoy sobre su propia experiencia: «Me veo reflejado en los alumnos».
Los retos, incluso en situaciones complicadas, son lo que más le divierte y le da satisfacción. Ve muchos cambios de forma positiva. «El aspecto social», dice Hermens, «ha mejorado mucho en el internado Steinmühle. Además, la sala de estudio abre posibilidades que antes no existían».
Este holandés tan deportista, que en su día sentía la necesidad de cambiar de aires, ha vuelto a encontrar la paz en el internado Steinmühle. Y sabe transmitir esa «paz interior» a los alumnos. Aun así, vuelve a casa con su familia en Maastricht con regularidad. Y de vacaciones, a lugares especiales con paisajes únicos. Y es que, para Michel Hermens, lo habitual, lo normal y lo cotidiano tampoco tienen por qué ser lo suyo, ni siquiera de vacaciones. Uno de sus sitios favoritos: las Azores.


M. Hermens con su grupo de convivencia actual



Una foto de los días de colegio