Este año, la fiesta de otoño, que organizan conjuntamente el colegio y el internado, volvió a ser uno de los momentos más destacados para muchos alumnos y alumnas, familias y antiguos alumnos. Llevaban semanas preparándola con mucho esmero para que ese día fuera inolvidable para todos los que participaron. Hubo de todo, desde maquillaje infantil y una casa del terror hasta la carpa de la fiesta por la noche.

Los preparativos para el evento empezaron ya unos días antes, y los alumnos y alumnas del internado también echaron una mano. El patio del colegio se fue transformando poco a poco en el recinto festivo que los visitantes de años anteriores ya conocerán. En el patio se colocaron bancos y puestos, y se montó el escenario para las actuaciones del coro y la banda. Este año, el colegio echó una mano al internado con la preparación de los pasteles, lo que permitió volver a ofrecer un bufé muy variado. Por eso, en los grupos de convivencia olía a deliciosos pasteles durante días, y se iban metiendo en el horno una bandeja tras otra. Por supuesto, tampoco podía faltar una pequeña degustación. Pero, ¿quién puede resistirse a unos rollitos de canela recién hechos?

El mismo día del gran evento, la ilusión no paraba de crecer. Después de decorar las mesas del patio con la ayuda del grupo residencial Mühle, por fin llegó el momento y los invitados entraron con curiosidad al recinto y se quedaron alucinados con el programa que se había organizado. La Hessenhaus y la Biohaus colaboraron con mucho entusiasmo en la venta de pasteles, y los alumnos y alumnas de la sede principal echaron una mano en la cocina con la barbacoa, mientras que la Westfalenhaus y la Bremerhaus se encargaron de recoger la vajilla durante todo el día, porque una fiesta tan grande solo puede salir bien si todos echamos una mano. ¡Muchas gracias a todos los alumnos y al equipo docente por vuestro gran apoyo!

La fiesta de otoño estuvo marcada por la presencia de muchas caras conocidas, a las que se les dio una cálida bienvenida. Una y otra vez se oía la frase: «Cuando yo estaba en el internado…». Tanto antiguos alumnos como alumnos actuales y profesores charlaron animadamente sobre la vida en el internado, contaron sus experiencias y se deleitaron con los recuerdos compartidos. Una vez más quedó claro que la comunidad del internado va más allá de la etapa activa como alumno o alumna, y que Steinmühle suele ser una parte fundamental en la vida de los jóvenes.

¡Ya estamos deseando que llegue la próxima fiesta de otoño de 2024!