El internado Steinmühle participa de forma muy activa en la fiesta de otoño: se encarga de la comida y colabora en las actuaciones de las clases
Los alumnos y alumnas del internado prepararon un total de 60 pasteles para la gran fiesta anual de otoño, que el sábado antes de las vacaciones atrajo al campus de Steinmühlen a más visitantes que nunca. ¡Menos mal que nos habíamos preparado bien! No solo los dulces fueron lo más demandado ese sábado soleado, sino que también el puesto de barbacoa, con más puntos de servicio de lo habitual, deleitó el paladar de los numerosos invitados. El internado estuvo a la altura con nota: dos salchichas por aquí, unas patatas fritas por allá… y así sin parar hasta bien entrada la noche. También hubo mucha gente en la carpa de la cerveza y en la del vino. Aquí también el internado se encargó de todo, con la ayuda de algunos voluntarios.
Con una buena organización
Para el internado Steinmühle, la fiesta de otoño es cada año un gran atractivo para el público, pero también supone muchos retos. No solo hay que montar todo y organizar la comida para los numerosos visitantes. Los alumnos y alumnas del internado también participan al mismo tiempo en proyectos escolares con sus grupos de clase. Así que hay que hacer malabarismos: ¡tanto para los alumnos como para los profesores!
Hay muchas cosas nuevas que admirar
Que tanta gente se acercara a Steinmühlenweg se debía claramente a que había mucho que ver: el nuevo edificio, el edificio principal rehabilitado, el patio del colegio rediseñado y la cafetería, que estaba irreconocible. Padres, familiares, amigos e invitados de Steinmühle se reunieron para hacerse una idea de lo que ya les habían contado sus hijos. Había puestos con actividades de todas las clases repartidos por todo el recinto y por las distintas aulas. Los visitantes recorrieron un auténtico circuito al ver todas las actuaciones y aceptaron encantados la invitación a que les guiaran por los nuevos edificios.
Rememorar el pasado
La fiesta de otoño de Steinmühle es también una celebración para los antiguos alumnos, algunos de los cuales viajan desde muy lejos para volver a ver a «su» clase. «¿Te acuerdas de…?» se oía por todas partes. Se compartieron recuerdos y se brindó más de una vez. Los más jóvenes y los actuales residentes de las residencias del internado tampoco se quedaron sin diversión. El baile en la carpa se prolongó hasta bien entrada la noche.
Todo bajo control
A pesar de todo, al día siguiente, los alumnos y alumnas del internado volvieron puntuales a las 10 de la mañana al recinto para recoger, asegurarse de que se devolviera la vajilla y desmontar todo, con la ayuda del equipo docente. Y, de hecho, al poco rato el campus volvía a estar limpio, como si los numerosos visitantes nunca hubieran estado allí. El desarrollo de esta fiesta tradicional ha vuelto a dejar claro que el trabajo y la fiesta van de la mano. Muchos comentarios lo confirmaban: ¡la fiesta de otoño les ha encantado a todos!
















