Vivir la vida en comunidad y potenciar la autonomía en las excursiones de los pabellones del internado Steinmühle

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¿Cuál es la mejor manera de que los alumnos nuevos y los «veteranos» del mismo grupo residencial se conozcan? En Steinmühle recurren a una fórmula que ya ha demostrado su eficacia. Cada grupo residencial emprende un viaje juntos al comienzo del curso escolar. A continuación te contamos qué excursiones había programadas esta vez.

 

Hessenhaus: Charlas distendidas y nuevos contactos

El viaje de fin de curso de este año nos llevó a Soltau, en pleno corazón de la landa de Lüneburg, donde pasamos juntos un fin de semana lleno de actividades. El objetivo del viaje era reforzar la cohesión del grupo, fomentar la confianza y crear un espacio para nuevos encuentros a través de experiencias compartidas.

A lo largo del fin de semana se notó claramente cómo el grupo se iba uniendo cada vez más. Durante los juegos, las comidas en común y la visita al Heide Park surgieron muchas charlas distendidas y se crearon nuevos vínculos. Fue especialmente bonito ver con qué naturalidad los jóvenes se incluían unos a otros y compartían experiencias juntos.

 

Westfalenhaus: amistades personales y verdadera cohesión de grupo

Para conocernos mejor y crear un ambiente de comunidad, este año la Westfalenhaus se celebró cerca de Colonia. Lo más destacado del sábado: montarnos en las montañas rusas de Phantasialand. Nos pasamos todo el día buscando la siguiente dosis de adrenalina, en la que algunos incluso tuvieron que superar sus miedos y afrontar juntos la emoción. La noche se puso de verdad emocionante —y también un poco espeluznante— cuando jugamos al hombre lobo, donde todos nos conocimos aún más a fondo. Pero no solo ahí, sino también al cocinar juntos en la casa de autoservicio, sentados cómodamente alrededor de la hoguera charlando o en las fiestas de baile espontáneas por la noche, se forjaron durante el fin de semana amistades individuales y una verdadera cohesión de grupo.

 

Bremerhaus: Que el día a día vaya bien depende de que todos participemos

El viaje de la casa de Bremen a Frisia Oriental y a la isla de Norderney se centró totalmente en la experiencia compartida, la formación de grupos y el desarrollo personal. Lo más importante no fue tanto el hecho de viajar juntos como la cuestión de cómo un grupo se une a través de nuevas experiencias, retos comunes y situaciones desconocidas.

La organización conjunta de la vida cotidiana tuvo una importancia especial. A la hora de hacer la compra, planificar y preparar las comidas, los jóvenes tenían que asumir responsabilidades, ponerse de acuerdo y repartirse las tareas entre ellos. Así surgían, de forma natural, situaciones en las que se requería consideración, comunicación y fiabilidad. Cocinar juntos se convirtió así en un importante espacio de aprendizaje social: todos y todas podían aportar algo y darse cuenta de que el éxito de la vida cotidiana en común depende de la participación de todos.

La estancia en Norderney también les ofreció muchas oportunidades para poner a prueba su autonomía y su sentido de la responsabilidad. Los jóvenes tuvieron que orientarse en un entorno desconocido, encontrar el camino por sí mismos y ponerse de acuerdo dentro del grupo. La confianza consciente en sus propias capacidades y en el grupo no solo reforzó la autonomía individual, sino también la confianza mutua.

Un reto especial fue el baño conjunto en el frío mar del Norte. Atreverse a meterse en el agua a pesar de las bajas temperaturas requirió esfuerzo y valor. Precisamente este tipo de situaciones, que se salen de la rutina diaria, te ofrecen experiencias muy valiosas: te permiten conocer tus propios límites, superarlos si hace falta y, al mismo tiempo, contar con el apoyo y la motivación de los demás. Superar juntos este reto reforzó el espíritu de equipo y nos dio una sensación compartida de logro.

Además, surgieron nuevos vínculos dentro del grupo, sobre todo al jugar juntos. Las situaciones poco habituales dieron lugar a nuevas dinámicas y contactos que quizá no se dan de forma tan natural en el día a día del internado. Los jóvenes se conocieron en parte desde otra perspectiva y descubrieron intereses y habilidades en común. Así se pudieron romper las barreras entre los grupos y fomentar nuevas relaciones dentro de la Bremerhaus.

 

Sede central: todo un éxito en cuanto a dinamismo

El grupo principal se ha ido este año a la Rhön. En condiciones sencillas, todos pasamos la noche juntos en una gran tienda de campaña. La montamos y desmontamos entre todos los chicos. También todas las demás tareas (ordenar, fregar, preparar la comida) se hicieron en equipo y sin quejarse. En los ratos libres jugamos al ajedrez y al fútbol. Ya fuera haciendo trineo de verano, de excursión o relajándonos al final del día en las termas: el ambiente fue muy animado en todo momento y se notaba que todo el grupo se lo pasaba genial. Como recompensa tras la excursión, paramos en un monasterio para reponer fuerzas con unos platos sustanciosos.

El fin de semana fue todo un éxito para el dinamismo y la cohesión del grupo, y vemos con mucho optimismo el próximo curso escolar.

 

Mühle: El tiempo que pasamos juntos en un fin de semana maravilloso

Este año nos hemos ido juntas con el grupo de chicas «Mühle» a la cuenca del Ruhr. En un acogedor alojamiento de un centro cultural de Essen, terminamos la noche del viernes con una sesión de cocina italiana y juegos divertidos. Justo a las doce en punto, hubo una pequeña fiesta con canciones para celebrar como se merece el 14.º cumpleaños de una de las residentes. El sábado lo pasamos juntas en el Movie Park. Desde rafting en aguas bravas hasta montañas rusas con loopings, pasando por galerías de tiro y deliciosas crêpes, hubo algo para todas. Antes de volver el domingo a nuestra ciudad natal, Marburgo, hicimos una parada en el Planetario de Bochum. Allí vimos nuestro «Universo misterioso», tumbados bajo una cúpula gigante y contemplando maravillosas constelaciones, mientras nos explicaban de forma apasionante cómo está formado nuestro universo y la Vía Láctea. Tanto las chicas como nosotros, los educadores, disfrutamos mucho del rato y nos quedamos con el recuerdo de un fin de semana precioso, lleno de fotos.

 

Biohaus: el grupo sabe lidiar con los roces y llegar a acuerdos

Un nuevo grupo de convivencia, un nuevo concepto y ocho jóvenes adultos: para algunos de nuestros alumnos de 12.º y 13.º, esta salida al campo no fue solo una excursión, sino un ensayo general para un concepto de grupo de convivencia totalmente nuevo en nuestro internado, que apuesta por la iniciativa propia, la confianza y la máxima autonomía. ¿Cuál es el papel del equipo pedagógico? Ya no es solo el de guía, sino el de colaborador invitado, de igual a igual.

Que esta idea podía salir bien quedó claro ya desde el principio del fin de semana juntos: las compras, los preparativos y una cena de pizza muy acogedora a la luz de las velas los organizó el grupo por su cuenta. El equipo pedagógico se sentó a la mesa con ellos, aunque como invitados de una comunidad de piso que, a todas luces, funcionaba muy bien.

El sábado estuvo dedicado por completo a la participación activa. Para convertir el grupo residencial en un auténtico lugar de encuentro, que además tiene que servir como espacio de aprendizaje, el grupo eligió entre todos el mobiliario para la «nueva» sala común. El animado debate sobre gustos y funcionalidad deja claro que el grupo sabe lidiar con los roces y llegar a acuerdos juntos.

Para destacar lo importante que es que la comunicación funcione bien en un grupo, fuimos al museo interactivo «Diálogo en la oscuridad» en Fráncfort del Meno. Depender de las voces y las señales de los demás sin poder ver fue una experiencia muy valiosa e impactante en cuanto a la confianza, el apoyo y la comunicación para un grupo que tiene que aprender a convivir sin un equipo pedagógico que esté siempre ahí para regularlo todo. Lo mismo se aplica a la sala de escape con la que terminamos el sábado. Encontrar soluciones en equipo, apoyarse unos en otros y, a veces, equivocarse juntos también formará parte del día a día de la piso compartido.

Como equipo, sacamos un balance muy positivo de este fin de semana: a pesar de que las personalidades son muy diferentes, el grupo ya funciona de forma sorprendentemente armoniosa. Como es lógico, una forma de convivencia tan nueva y hasta ahora desconocida en nuestro internado trae consigo pequeñas inseguridades, tanto para los jóvenes adultos como para los un poco «más mayores». Aun así, este fin de semana hemos podido demostrar que dar mucha confianza a los jóvenes adultos puede merecer la pena. Un comienzo redondo para un nuevo grupo y, quizá, también para un nuevo modelo de convivencia que dure muchos años.

 

El equipo pedagógico del internado Steinmühle