Bachillerato 2023: el tiempo pasa rápido cuando lo pasas bien
Fiestas de fin de bachillerato de 2023: estreno del pabellón deportivo renovado
Una promoción llena de orgullo se despide del Steinmühle: orgullosa de haber conseguido la mejor nota en el Abitur de toda su historia, orgullosa de su cohesión social, orgullosa de ese compañero que acaba de recibir una admisión en el Mozarteum de Salzburgo, orgullosos del premio social que ha recibido una compañera por tanto compromiso voluntario que uno se pregunta cuándo le quedaba tiempo para estudiar. Los graduados también pueden estar orgullosos de haber sido la primera promoción en mucho tiempo en celebrar la velada en casa, concretamente en el pabellón deportivo renovado. Pero la promoción de bachillerato tiene un vínculo muy especial con el director Bernd Holly. Tanto ellos como él dejan la Steinmühle para siempre. Los jóvenes se lanzan a la vida, y Bernd Holly se jubila. Así pasa el tiempo.
¿Qué es el tiempo? Björn Gemmer, el que queda de la hasta ahora dirección doble del instituto, eligió este tema para su discurso en la ceremonia de despedida de los alumnos que se gradúan. Para sorpresa y emoción de todo el público, empezó con la primera estrofa y el estribillo de la canción de Udo Jürgens de hace 44 años, «1000 Jahre sind ein Tag» (Mil años son un día), para acabar señalando lo bien que una canción tan antigua, por su contenido, sigue encajando en la actualidad, pero también con la trayectoria escolar de los graduados.
El director elogió a sus compañeras y compañeros por haber despertado la curiosidad de los alumnos ya desde los cursos inferiores y medios por los contenidos más diversos, que, con un enfoque interdisciplinar, a menudo giraban en torno al tema del tiempo, ya fuera el proyecto sobre el tiempo en 6.º o, más adelante, la clasificación en épocas en las clases de Historia o de Arte.
Según algunas teorías filosóficas, el secreto de cómo cada uno percibe el tiempo está en la respuesta a la pregunta de hasta qué punto una etapa ha sido satisfactoria, y enseguida se encontró la respuesta a por qué esos nueve años habían pasado tan rápido: «Porque fueron muy satisfactorios».
Como parte del programa de la mañana, que incluyó el discurso de los alumnos Paul Martin y Linda Hübl, salpicado de actuaciones musicales, se entregaron los boletines de notas tras las tutorías, con unas breves palabras de los tutores, y se entregaron los premios. ¡Menuda fiesta!
Está claro que había que celebrar estos resultados y los logros personales que cada uno se había marcado por su cuenta. En ese caluroso día de verano, la velada se celebró en el pabellón deportivo reformado de la forma más fresca posible: puertas abiertas para que entrara una brisita, el bufé fuera, en el pabellón, con una deliciosa selección de platos que te dejaba boquiabierto. ¡Qué equipo de cocina tan fantástico, el del internado! El programa, que incluía el homenaje de los graduados a todos los tutores y tutoras, dejó espacio para descansos, para charlar en las mesas y en grupitos por el recinto, y para respirar hondo, sobre todo cuando algunos discursos y el aprecio que expresaban te llegaban de verdad al corazón.
Es casi imposible dedicarles a todos los ponentes, a quienes entregaron los premios y a los homenajeados el espacio que se merecen en un solo artículo. Pero lo que sí se puede decir es que la fiesta de graduación tuvo un marco digno. Así pues, fue todo un éxito celebrar por primera vez este día tan importante en el pabellón deportivo renovado, en lugar de en una carpa o en salas de alquiler caras. El director del centro, Dirk Konnertz, afirma: «Estamos planeando un plan de uso adecuado para este pabellón que permita celebrar también otros eventos».









































































































